Respiro profundo, cierro los ojos y me visualizo con la mano derecha en el pecho y la izquierda en el ombligo.

Respiro profundo, cuento mentalmente hasta 10, mientras suelto el aire poco a poco, para que se acompase con los números que se reflejan en mis ojos con imágenes, mientras gestiono la salida del aire.

Respiro 3 veces, antes de retomar mi respiración natural, y mantenerme contemplándola como esa observadora que he descubierto durante mi recorrido.

Gracias al Yoga he podido permitirme contemplar mi silencio y dignificar la calma dentro del caos del mundo, logrando escucharme, tras el ruido ensordecedor de los «deberías» y los «tienes», que tan marcados viajan conmigo.

La conexión con mi cuerpo sigue siendo esa llave maestra que desbloquea mis memorias, como si de un juego de videos se tratara, donde cada nivel que avanzo conlleva superar desafíos cada vez más complicados, y los regalos son aún mayores.

Observar mis pensamientos y redirigirlos parece un juego de niños, delante de lo que supone la percepción de un sistema nervioso autónomo dirigido por las memorias de mis miedos.

Para muchos la respuesta se queda en la superficie de traumas no resueltos, que sí, en parte llevan razón, aunque comprender mi umbral de dolor ha dado voz a la sensibilidad de mis sentidos y mi empatía emocional, que son la raíz, lo que explica por qué mi percepción del mundo es diferente, gracias a un sistema neurológico diverso.

Entonces comprendí, por qué el permiso que me daba la práctica de yoga para aislarme de tantos estímulos sensoriales calmaron un poco ese sistema alterado? también cómo la naturaleza hasta cierto punto me regulaba, o por qué dejé de frecuentar ciertos lugares? al ser más consciente del impacto que suponía en mi bienestar.

El entorno fue ese gran tema que rondó mi cabeza durante mucho tiempo, ¿realmente afecta? ¿por qué? o ¿cómo? Necesitaba comprender qué estaba ocurriendo y por qué antes no sucedía?

Fue entonces cuando me di cuenta que sí sucedía, pero lo podía sostener, hasta que ya no pude más, y mi cuerpo dio las primeras señales en el 2012, con la Fibromialgia, pero los médicos no profundizaron, realmente pocos lo hacen, ¿por qué mi sistema nervioso había colapsado con dolor y cansancio?

Ayurveda me dio esas respuestas mucho antes que la medicina alopática, y gracias a varias situaciones, incluida la pandemia del 2020, pude cambiar de ciudad, y mudarme de Madrid, una metrópolis, a un pueblito de menos de 7000 habitantes, cerca de la naturaleza y con las condiciones adecuadas para que mi sistema nervioso se calmara… pero me falló lo social, y mis pocas habilidades cuando de un entorno nuevo se trataba, con la condicionante de que llegaba con un sistema nervioso autónomo alterado, por lo que estaba más vulnerable y con ese miedo irracional a flor de piel.

Continuaba desbloqueando mundos, y mientras más descubría más miedo sentía, y cuando parecía que la cosa se calmaba, llegó el 2024 y mi mundo se derrumbó por completo. A finales de febrero me despiden de la empresa en la que trabajé durante 18 años, a principios de abril finaliza la relación de pareja que tenía desde hace casi 5 años con la que viví muchas situaciones y la que creía sería la definitiva, en junio ingresaron a mi hija una semana en la clínica por una bacteria, por primera vez en sus 21 años, en julio los inquilinos de mi casa dejaron de pagarme y encima no se mudaban, en septiembre pude instalarme luego de varios meses sin tener un lugar mío donde vivir, en octubre tuve el juicio con la empresa y decido no volver porque no me sentía segura allí, en noviembre comienzo con la demanda a mis inquilinos ocupas,  caí, toqué fondo, todo en ese año fue horrible, todas las áreas de mi vida se movieron, y gracias a respirar, meditar,  encontrar momentos en los que tener una actitud positiva para sacar lo bueno de esas situaciones, aunque de vez en cuando se tambaleaba. Contar con el apoyo de algunas personas y tener 2 motivos para continuar, lo pude superar.

Es difícil mirar atrás sin sentir el nudo en el pecho, después de varios años pasando por situaciones complicadas, aunque se acompañaban de situaciones amables, pero llega la gran crisis de mi vida, donde pude verme desde muchos ángulos, donde hay palabras que quizás no habría pronunciado y otras que se han quedado dentro.

Recordaba el 2023 como el año donde pensaba que no podía con tanto, en un silencio muy profundo deseaba dejar de existir, porque el dolor de estar aquí me estaba sacudiendo tanto por dentro que las fuerzas se me estaban agotando y como buena observadora era consciente de todo ello. Darme cuenta de esos pensamientos que se debatían entre seguir o bajarse del mundo como dice Mafalda, fue el momento más duro del proceso, sentirme sola a pesar de tener personas cerca, que a su manera se preocupaban, y saber que tenía que seguir aquí explicándole al mundo cómo funciono para no ser malinterpretada, aceptada y comprendida, es algo que de momento no me planteaba hacer, y sigo sin hacerlo. Luego llega el 2024, el año de finales, al que llamo desenlace, donde sólo hay una de esas situaciones que si tuviera la oportunidad de hacerlo diferente, lo haría.

He intentado comprender cómo funcionan las personas, sus conductas, sus normas, sus costumbres, observando cómo son, y me he dado cuenta que el foco debía ir hacia mí, ¿cómo funciono yo?, ¿qué necesito yo?, ¿quién soy yo? Pero eso era hipercomplicado, porque fui educada para complacer y ser lo más normativamente correcta para ser aceptada en el grupo… cosa que yo creía no había calado en mí, porque algunas cosas las hice a mi manera, pero a la hora de lo importante yo hacía lo que se esperaba.

Una vez aprendida e integrada las grandes lecciones de lo que llevo de vida, me dispongo a comenzar una nueva etapa, donde quizás te sorprenda con mis formas, y sí, sin máscaras se vive mejor.

Libertad es una palabra que me ha acompañado durante un tiempo, retumbando dentro cada vez que quiero seguirle el juego a otros, preguntándome qué necesito en cada momento, para desde allí elegir lo mejor para mí.

Tu bienestar depende de sentirte seguro, para ello es necesario vivir en libertad, contar con ese entorno seguro, momentos de reflexión, observación y autocuidado, desde la responsabilidad por uno y el respeto por los demás.

Por ello, muchas veces he estado en silencio, cuando peor me sentía, más necesitaba aislarme para evitar hacer daño sin querer a las personas que más quería, porque estaba entre la lucha, huida o parálisis, eso de halagar a otros sin sentirlo o creerlo realmente no se me da bien, por algo lo de no tener filtro es parte de mi condición.

Hoy vuelvo al mundo, con miedo, aunque esta vez lo puedo reconocer, conociéndome mucho más, sin esperar nada de nadie, sabiendo que mis necesidades me las cubro yo, con la certeza de que mis herramientas funcionan porque realmente pude colapsar y no lo hice, no surgió otro brote de fibro y estoy superando la crisis sin apenas tomar ninguna medicación, aunque cuidado con esto porque sí creo que hay personas que por un tiempo las necesitan, hasta que su cuerpo coge fuerza, como lo he hecho en el pasado, antes de aplicar la información que manejo de Ayurveda, Yoga y Astrología, y comprender las conductas de los otros como mecanismo de defensa o estrategias aplicadas a los detonantes de sus miedos.

Por ello las quiero poner a disposición de las personas que necesiten un acompañamiento desde la experiencia de alguien que ha pasado por muchas de esas situaciones que he comentado, con la formación requerida para aplicar herramientas que te acerquen a tu poder personal, y con la certeza que al final podrás disfrutar del camino, viviendo los momentos de bajón sabiendo que saldrás y lo harás fortalecid@.